días, meses y manos
Disculpe la intromisión, señorita, pero es que la siento triste. Sí, puede parecer que estoy demasiado lejos para sentir nada. No, no me diga que es usted la que no siente nada. Esta noche la he encontrado mirándose hacia adentro, preocupada porque mañana tal vez no salga el sol. Verá, yo no soy un experto en la materia, y poco sé de soles y lunas. Pero sí conozco de los días de veinticuatro horas, de los meses de treinta días y de las dos manos que suman diez dedos. Tenga mi mano, aquí la ve. Puede emplearla para ahuyentar esos pájaros negros que revolotean, esperando un pensamiento de barro (o de mierda, como bien dice usted) para picotear. Puede usarme a mí al completo. Usted sabe que no está sola, que debe contar conmigo. En esta ecuación las incógnitas siempre se despejan con un buen cafe de pronta mañana. Y siempre en compañía. Esta noche tal vez no lo crea del todo, porque el aire parece enladrillado, irrespirable. Pero usted comprobará con los días de veinticuatro horas que van a venir, que yo me los conozco, que la esperanza es una buena herramienta, y el buen ánimo son los músculos del alma. Por favor, descanse tranquila. Vela por usted este servidor, su humilde desenladrillador.
“Mirarse por dentro”, Ulises García
sin esperas
No esperes demasiado. Si un día me cruzo contigo en el pasillo, de camino a la cocina, si intento abrazarte, o trato de superarme en el piropo más común de los comunes, y a ti te da igual, si te da igual, no esperes. Sácame despacito una noche, por la ventana, por la puerta, sácame de la alfombra, o de debajo de la cama, del lugar al que corra a esconderme.
Porque yo no me voy a rendir al exilio. Y aun mientras me sacas a la calle con gran esfuerzo, seguiré berreando que tu mirada es mi bandera, que tu cuerpo es mi patria, que mi hogar es tu piel bajo las sábanas y que… en fin… que desgraciadamente todo esto no tiene demasiado sentido si esperas… Si algún día comienzas a vivir en prosa conmigo, no esperes. Hazme el favor.
el último pitillo del día
- Todos duermen.
- Claro, es hora de dormir, deja de fumar en la ventana y ven a la cama ya.
- Espera. Es que las calles vacías siempre cuentan algo
- Tú estás mal.
- Probablemente. Pero piénsalo. La calle también descansa… de nosotros.
- (Y yo también quiero descansar de ti, ay…)
- Nos cocinamos en nuestra propia amargura, ¿te das cuenta? Apenas tenemos tiempo para ir, sin saber dónde, sin importarnos el para qué. Mañana una enorme alfombra de coches, motos, camiones con prisas, cubrirá esa calle. Uno llevará al niño al colegio, aquella conducirá demencialmente porque llega tarde al curro, yo mismo estaré esperando frente al semáforo, con la mirada perdida, esperando para dejar de esperar, como tantos días de…
- Oye, ¿va para largo? Eso que cuentas es tan interesante como inútil, y yo tengo sueño…
- Ya voy. Mira, acabé el pitillo.
- Vale, pues ven.
- Voy.
- Bien.
despertares
No queda más remedio que despertar. Wake up, it’s time.
-
Recientes
-
Enlaces
-
Archivos
- Septiembre de 2009 (1)
- Junio de 2009 (1)
- Enero de 2009 (1)
- Julio de 2008 (1)
- Junio de 2008 (1)
- Mayo de 2008 (10)
- Abril de 2008 (5)
-
Categorías
-
RSS
Subscripciones RSS
RSS de los Comentarios

